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Tres pilares flojos que comprometen la chance electoral del Gobierno

2017-05-19 |

 por Sergio Patrón Costas

 

¿Cuál es la estrategia del Gobierno para conquistar un buen resultado electoral en octubre, cuando las encuestas vienen mostrando la debilidad de los candidatos oficialistas en muchos distritos, de manera especial en la vital provincia Buenos Aires?

Diferir los aumentos en las tarifas de los servicios públicos hasta la realización de los comicios, porque ahora están convencidos de que esos incrementos destruyeron la capacidad de compra de la mayoría de la población, porque la suba de costos y precios que desataron esos aumentos sobrepasó largamente la inflación oficial.

Otra parte de la estrategia es usar los préstamos externos para acelerar la concreción de obras públicas en los sectores y las áreas que son más necesarias, concentrando los esfuerzos en grandes centros de población como La Matanza y su publicitado Metrobus. Esto da trabajo, tiene un efecto multiplicador y sirve para activar la demanda y la ocupación.

Una tercera pata de la estrategia reactivadora consiste en traducir la liquidez de los bancos oficiales para otorgar créditos hipotecarios, destinados a la compra de vivienda en condiciones supuestamente ventajosas, también con la finalidad de satisfacer una vasta demanda insatisfecha de la sociedad, además de factor también reactivante de la industria de la construcción.

Este keynesianismo de última hora del Gobierno es poco compatible con su filosofía de liberalismo económico de tinte ortodoxo, que sigue primando en su discurso, porque mantiene en vigor ciertas premisas cuya vigencia tiende a minar las bases reactivantes mencionadas, lo que revela otra vez que los planes económicos que se enuncian padecen por lo común de una falta de coherencia interna.

Una de las vigas flojas de la estrategia oficial es que ninguna recuperación de la obra pública está en condiciones de compensar la fuerte caída en la capacidad de compra de los asalariados, los jubilados y otros sectores débiles de la sociedad, por lo que no puede esperarse un aumento significativo de la demanda interna, algo clave para reactivar la producción y la ocupación.

La segunda viga floja es la realidad de una creciente revaluación del peso y subvaluación del dólar en el contexto de un mercado cambiario libre. Esto es equivalente a promocionar las importaciones y castigar las exportaciones, tanto de bienes como de servicios, lo que equivale a un vector contractivo de la economía y el empleo.

La tercera viga floja está representada por la vigencia de tasas de interés muy elevadas, política seguida por el Banco Central desde los comienzos de la presente administración, tendencia que se profundiza a partir del momento en que el organismo, vía la voz de su presidente, anuncia que comprará 25 mil millones dólares para aumentar las reservas monetarias. Para compensar esta emisión enorme de dinero, el Central tendrá que absorber gran parte de dicha emisión, lo que sólo puede hacer manteniendo altas tasas de interés para las Lebac.

Estas tres vigas flojas reducirán a un mínimo el impacto reactivante de la obra pública, los créditos bancarios y el diferimiento del aumento de las tarifas de los servicios públicos. Macri y su equipo ignoran un gran principio que preside cualquier programa de reactivación económica: la política fiscal debe ser expansiva, la política salarial debe ser expansiva, la política monetaria debe ser expansiva, porque de este modo cada una de ellas refuerza a las otras y se genera un gran efecto multiplicador.

El programa económico con vistas a las elecciones tiene contradicciones internas que lo debilitan al máximo, lo que muestra otra vez que el Gobierno toma medidas económicas cuyo rasgo central es la incorporación de fuerzas que se anulan entre sí, con lo cual se pierde efectividad, potencia, fuerza transformadora, y el resultado es que el objetivo buscado, que es un buen resultado electoral, se vea comprometido.

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